San Marcos Evangelista. El Salobral

Dos ángeles que iban de camino pernoctaron en la mansión de una familia pudiente. Los dueños de la casa se comportaron de forma grosera y no permitieron que los ángeles se alojaran en el cuarto de huéspedes. Por el contrario, les ofrecieron un espacio en el frío sótano. Mientras improvisaban una cama en el duro piso, el ángel mayor vio una abertura en el muro y la reparó. El ángel menor le preguntó por qué lo hacía, y el otro repuso:
—Las apariencias engañan.
A la noche siguiente, descansaron en casa de un agricultor y su esposa. El matrimonio, aunque era bastante pobre, los recibió de manera muy hospitalaria. Después de compartir con los ángeles lo poco que tenían para comer, les cedieron su cama a fin de que descansaran bien. Al amanecer, los ángeles encontraron llorando al campesino y a su mujer. La única vaca que poseían, la que les daba leche y constituía su única fuente de sustento, había aparecido muerta en el campo.
El ángel más joven se indignó, y preguntó al mayor:
—¿Cómo pudiste permitir algo así? El primer hombre tenía de todo, y aún así lo ayudaste. Y este matrimonio tenía muy poco, y no le importó compartirlo con nosotros, y sin embargo dejaste que se les muriera la vaca.
—Las apariencias engañan —repuso de nuevo el ángel—. Cuando nos hospedamos en el sótano de la mansión, noté que había oro tras la abertura del muro. Como el dueño estaba tan lleno de codicia y no quería compartir su fortuna, sellé la pared para que no encontrara el oro. Y anoche cuando dormíamos en la cama del labrador, el ángel de la muerte llegó en busca de la esposa. Le dije que en vez de a ella se llevara la vaca.
A veces reaccionamos como el ángel más joven de esta parábola. Pero muchas veces Dios escribe derecho con renglones que a nuestros ojos parecen torcidos.

Señor, haz de mi un instrumento de tu paz.
Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.
Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe.
Que allá donde desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.
Oh Señor, que yo no busque tanto
ser consolado, cuanto consolar,
ser comprendido, cuanto comprender,
ser amado, cuanto amar.
Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando, como se es perdonado,
es muriendo como se resucita a la vida eterna.

La vida es una oportunidad, aprovéchala.
La vida es belleza, admírala.
La vida es beatitud, saboréala.
La vida es un sueño, hazlo realidad.
La vida es un reto, afróntalo.
La vida es un deber, cúmplelo.
La vida es un juego, juégalo.
La vida es preciosa, cuídala.
La vida es riqueza, consérvala.
La vida es amor, gózala.
La vida es un misterio, devélalo.
La vida es promesa, cúmplela.
La vida es tristeza, supérala.
La vida es un himno, cántalo.
La vida es un combate, acéptalo.
La vida es tragedia, domínala.
La vida es aventura, arróstrala.
La vida es felicidad, merécela.
La vida es la VIDA, defiéndela.

Teresa de Calcuta

 

Amigo de la vida
Señor Jesús, Amigo de la vida:
Tú nos has amado sin límites,
y nos has prometido la plenitud de la vida.
Te presentamos a quienes se duelen por la
pérdida del ser querido.
Alivia su pena y su desgarro,
que un rayo de luz ilumine sus noches,
que coloquen al ser querido en el corazón,
donde puede vivir para siempre,
y que la esperanza mantenga vivas sus vidas.
Señor Jesús, fuente de solidaridad,
inspira y sostén nuestro deseo
de compartir sus sufrimientos.
Ayúdanos a comprender que sólo el amor
sana los corazones heridos,
y despierta serenidad en el corazón de la pena.
Señor Jesús, como tu Madre,
también nosotros queremos
extender nuestros brazos
y ser testigos de una acogida
que irradie tu mismo amor salvador.
Amén

©2008 San Marcos Evangelista